entrevista anselm pi ramblaEl Oro de los Incas

Todos los mitos de la antigüedad sobre riquezas fabulosas y las alucinaciones de la Edad Media sobre islas Afortunadas o regiones de Utopía y ensueño y todas las recetas arcanas y la experiencia mágico-religiosa de los alquimistas medievales para trasmutar los metales en oro, se esfuman y languidecen en el siglo XVI, ante el hallazgo de asombro del Imperio de los Incas y de los tesoros del Koricancha.

El tesoro de los Incas del Cuzco excede al de todos los botines de la historia: al saco de Génova, al de Milán, al de Roma, al de la prisión del rey Francisco o al despojo de Moctezuma –dirá maravillado el cronista de los Reyes Católicos–, porque "el rey Atahualpa tan riquísimo e aquellas gentes e provincias de quien se espera y han sacado otros millones muchos de oro, hacen que parezca poco todo lo que en le mundo se ha sabido o se ha llamado rico" .

La Leyenda Aurea (Raúl Porras Barrenechea)

Francisco Pizarro

Francisco Pizarro envió a Pedro de Morguer, Martín Bueno y Juan Agustín de Zárate para que desmantelaran los palacios incas y retirasen de ellos cuanto de valor encontraran. Ayudados por los indios cañarís, arrancaron setecientas planchas de oro de un dedo de grosor de las paredes de los templos. Aun así, no todo fue retirado y enviado a España, los incas lograron esconder en algún lugar de la ciudad parte del jardín de oro y plata del Koricancha así como las estatuas de oro de sus soberanos incas existentes en el Salón Solar y las estatuas de plata de sus esposas Collas ubicadas en el Salón Lunar. Fue justo entonces cuando comenzó a especularse con la idea de que las piezas más valiosas y sagradas del oro inca habían terminado en salas subterráneas a las que se accedía a través de largos túneles secretos.

Felipe de Pomares

A esta leyenda contribuyó sobremanera, según refirió el cronista Felipe de Pomares a primeros del siglo XVII, un príncipe inca llamado Carlos Inca, nieto de Cristóbal Paullu Inca, y descendiente directo del poderoso Huayna Capac, al confesar a su esposa, una española llamada María Esquivel, que pese a la pobreza a la que le habían reducido los conquistadores él era más rico que todos los invasores de ultramar juntos y custodio del más valioso tesoro de la Tierra.

idolo oro

Cuentan que después de celebrado el matrimonio, ella buscó la supuesta fortuna sin encontrarla. El pobre indio se veía asediado de continuo por su esposa, que le despreciaba e insultaba por su pobreza y situación hasta que un día decidió mostrar a María Esquivel cuántas eran sus riquezas y terminar así con tan injusto menosprecio. Vendó a su mujer los ojos y, unos ratos andando y otros en brazos, la llevó por callejones y sótanos.

Llegados a un amplio subterráneo le quitó la venda de los ojos y pudo ver "el más fabuloso tesoro que pueda imaginarse. Miles de objetos de oro brillaban tentadoramente a la luz del farol" contaría ella después. "Había allí estatuas de los incas, todas ellas de oro y del tamaño de un niño de doce años. También había vasos, platos y cuanta vajilla se pueda suponer, igualmente de oro. Y así hasta completar una riqueza como no se ha visto otra".

Satisfecho el orgullo del indio, vendó de nuevo los ojos a su esposa sin dejarle llevar absolutamente nada. Ciega de rabia, María Esquivel, dio cuenta de lo sucedido a las autoridades y como era gran delito el ocultar tesoros que de hecho pertenecían a la Corona de España, se decretó la captura del indio, con la esperanza de que bajo el tormento confesara el lugar donde escondía tanta riqueza. Todo fue inútil, el descendiente de los incas había desaparecido de Cusco hacia el último reducto secreto de sus antepasados en las montañas de Wilcabamba, y con él la posibilidad de encontrar el tesoro.

Comisionado de EE.UU

En 1870 el Comisario de EE.UU en Perú comento sobre el episodio de Carlos Inca: "Todo lo que puedo decir es que si la cámara secreta en que estuvo María Esquivel no fue expoliada aún, no fue por falta de voluntad de encontrarla. Trescientos años no fueron suficientes para acabar con la historia sobre los grandes tesoros escondidos dentro de la fortaleza del Cusco".

Mateo García Pumakahua

En 1814 aparecen las últimas noticias del tesoro gracias a don Mateo García Pumakahua, descendiente de los incas y conspirador que por aquel entonces preparaba una sublevación general contra los ejércitos reales asentados aún en Perú. Mientras éste ultimaba los detalles de su golpe que, por cierto, fracasó estrepitosamente al año siguiente, se vio obligado a mostrar a su coronel Domingo Luis Astete parte del tesoro inca y convencerle de que la causa independentista contaría con fondos económicos sobrados para consumar una revolución. Le condujo vendado a través de la Plaza de Armas de Cusco, luego junto a un arroyo, posiblemente el Choquechaca, bajaron por un camino secreto escalonado hasta el subsuelo de la ciudad.

Una vez allí con los ojos bien abiertos, Astete contempló unas riquezas que le dejaron atónito: enormes pumas de champi con ojos de esmeralda, ladrillos de oro y plata, y otras piezas de incalculable valor. Sólo un detalle de aquel momento: mientras Astete contemplaba el tesoro, oyó nítidamente cómo el reloj de la catedral daba las nueve de la noche.

Alexander Von Humboldt

idolo oro

Alexander Von Humboldt, en su libro "VIEWS OF NATURE" (London, Henry G. Bohn, 1850) relata la siguiente narración que obtuvo mientras estuvo en Cusco:

"........el hijo del cacique Astorpilca, un interesante y amable joven de 17 años de edad nos condujo a las ruinas del antiguo palacio. Viviendo en una gran pobreza, su imaginación estaba llena de imágenes del esplendor subterráneo y los tesoros de oro que, nos aseguró estaban escondidos bajo los montículos de desperdicios en donde estábamos pisando. Nos dijo que uno de sus antepasados tapando los ojos de su esposa, y después, pasando por unos pasajes muy intrincados la llevó a los jardines subterráneos del Inca. Allí la mujer contempló, la mejor creación de piezas del oro más puro, árboles con hojas y frutos, pájaros colgados en sus ramas. Entre otras cosas vio la silla dorada de Atahualpa. ......

El marido le ordenó a su mujer que no tocara ninguno de estos tesoros, RECORDANDOLE QUE EL PERIODO FIJADO PARA LA RESTAURACION DEL IMPERIO INCA TODAVIA NO HABIA LLEGADO, y cualquiera que tocara estos tesoros moriría la misma noche”.

........ "El hijo de Astorpilca me aseguró que bajo tierra, cerca de la derecha del sitio de donde yo estaba, había un gran árbol Datura, o Guanto, lleno de flores, exquisitamente hecho de oro y platos de oro, y que sus brancas se extendían hacia la silla del Inca. La fe morbosa en la cual el joven afirmaba sus creencias en esta historia fabulosa, me hizo una profunda y melancólica impresión en mí"


Sin duda, éste y otros relatos posteriores terminaron por asentar un mito que hoy es ya inamovible:
El túnel que conduce al tesoro inca parte del Koricancha y tiene una de sus salidas en las cercanías de las impresionantes murallas de Sacsayhuamán, en un lugar llamado la CHINKANA GRANDE.