convento de santo domingoKoricancha - Descripción General

koricancha, convento santo domingo

De los innumerables monumentos que encierra el Cusco -la Ciudad Milenaria de los Incas- ninguno ha despertado tanto interés como el TEMPLO DEL SOL o KORICANCHA, el principal Santuario Incaico, cuya magnitud y trazado, hoy tratamos de desentrañar. Este monumental templo fue destruido y saqueado por los conquistadores españoles. En su lugar, los padres de la Orden de los Predicadores, decidieron construir la actual Iglesia y Convento de Santo Domingo.

Los enigmas a descifrar son muchos, a pesar de tantos estudios realizados con posterioridad a los informes recogidos por los cronistas. Pensamos que esto obedece a que casi todos los intentos de explicación real de los misterios que encierra el Templo del Sol, fueron más trabajos de carácter literario que de una sistemática investigación arqueológica.

De su antiguo esplendor, sólo se conservan algunos ambientes interiores absorbidos por el actual Convento Cristiano de Santo Domingo, y un muro exterior de suave curvatura asociado a dos fuentes que corresponden a las épocas Killke e Inca, una obra de perfecta ingeniería, que nos permite imaginar cómo era esa construcción sagrada que tanto impresionó a los cronistas.

Sus muros internos, encajados y moldeados con precisión milimétrica, sorprenden aún más cuando se sabe que durante el Imperio Incaico no estaban desnudos, sino que todas las paredes del templo, según refirió el cronista Garcilaso de la Vega a finales del siglo XVI, “estaban cubiertas de arriba a abajo de planchas y tablones de oro”.
Y añade Garcilaso que “en el testero, que llamamos altar mayor, tenían puesta la figura del sol, hecha de una plancha de oro, el doble más grueso que las otras planchas que cubrían las paredes. La figura estaba hecha con su rostro en redondo, y con sus rayos y llamas de fuego, todo de una pieza, ni más ni menos que la pintan los pintores. Era tan grande que tomaba todo el testero del templo de pared a pared”.

Contaba también con un jardín artificial, en el que todo: árboles, setos, flores, pájaros, ollas, cántaros, tinajas, una fuente, figuras de hombres, mujeres y niños estaban hechos de oro. En el patio había asimismo un “maizal” cuyas plantas todas eran de plata y las mazorcas de oro. El campo cubría una extensión de una hectárea y media de maíz de oro. De donde con mucha razón y propiedad llamaron al Templo del Sol y a toda la casa KORICANCHA, que quiere decir barrio de oro.

Historia

Con Francisco Pizarro vino al Perú Fray Vicente Valverde, religioso dominico que acompañó al conquistador como capellán. Él celebró la primera misa en el Suntur Huasi (Gran Palacio) y efectuó la fundación española del Cusco en 1534. En el reparto de los solares y palacios incas, el Koricancha le correspondió a Juan Pizarro, hermanastro de Francisco Pizarro. Posteriormente Juan Pizarro donó sus terrenos a favor de los dominicos. Así en 1535 consolidaron su dominio y se construyó la primera iglesia de estilo barroco y crespocusqueña sobre el mayor templo inca.

De modo que no fue una decisión casual o gratuita la edificación de la iglesia y el convento sobre este templo. Se trató, en manos del Padre Valverde, de una profunda decisión política compartida también por el propio Francisco Pizarro.

Pocos años después, 18 dominicos venidos expresamente de Santa Cruz de México, encabezados por el Padre Juan de Olias, formaron en 1538 el núcleo inicial de la nueva casa, contándose entre ellos al Padre Tomás de San Martín, que alcanzara más tarde gran celebridad por haber fundado en 1551 la Universidad de San Marcos de Lima.

El cronista Cieza de León nos informa: “El templo católico se levantó sobre la misma planta, cimentación y murallas del Templo del Sol, cuya imagen o disco refulgente le correspondió al conquistador Mansio Serra de Leguísamo. El Convento o casa para los religiosos de la Orden de Predicadores, se edificó sobre las bases y muros de las divinidades".

Ubicación

El Koricancha se levantó sobre una terraza de origen pluvial, en la explanada que separaba los ríos Tullumayo y Huatanay, en la actualidad las avenidas de Tullumayo y del Sol. Los meandros de los dos ríos, condicionaron a los arquitectos incas a modificar el medio ambiente natural mediante un sistema de bellas andenerías artificiales, configurando la parte inferior del felino andino (puma) representado en todo el urbanismo de la Ciudad. El Koricancha ocupaba la parte de la cola del puma y la cabeza Saqsaywamán. A este sector bajo se le denominaba barrio de PUMAC-CHUPAN (en español “cola del puma”) y culminaba la ciudad en la unión que forma un delta donde convergen exactamente las aguas de los dos ríos.

Conformacióm Koricancha

Dentro del cerco, se hicieron varios recintos rectangulares, que delimitaban por lo menos un patio central. La mampostería es de excelente calidad.

Las estructuras incaicas del muro perimétrico se conservan en parte en el lado occidental, donde está el muro curvado, parte de uno de los andenes, tres fragmentos en el sur, gran parte en el lado oriental y fragmentos de cimentación al norte. Estos cuatro muros delimitaban un espacio trapeziodal con un ángulo occidental curvado. Dentro de este perímetro se conservan muros de cuatro recintos, reconstruídos en parte.

Este Templo estuvo constituido de cuatro recintos o capillas además del más importante dedicado al Sol, contaba con sendos jardines (de oro), una gran Cancha (cercado o patio), donde existía una fuente de piedra octogonal (monolita) de uso ceremonial. Además había otras fuentes nutridas por cuatro canales provenientes de Ahuacpinta o Mutcapu¨quio. La residencia de los sacerdotes estaban incorporadas, tenían además unos andenes hacía la parte occidental llegando al río Huatanay.

El templo del Sol según los cronistas era de la siguiente manera:
Estaba en un sitio cuadrado con un cerco de piedra, tenía cuatro puertas, las mismas que daban a cuatro calles principales (Murúa); mientras Garcilaso de la Vega dice que sólo tenía una sola puerta que miraba al Norte y otras secundarias de servicio, existían cinco recintos independientes alrededor del patio aunque Cobo llegó a ver tan solo cuatro principales que eran capillas. Las paredes en el interior estaban cubiertas de planchas dé oro así como las puertas.

Accediendo por la puerta principal que estaba en la pared frontal del templo se ingresaba a una especie de patio pequeño, donde informa Cobo, que ponían la imagen del sol de día hecha de oro con rostro humano y tenía engastado en ella muchas piedras preciosas, de noche lo llevaban a su capilla que estaba orientada al Norte y que se encontraba completamente recubierta del metal precioso, en este mismo recinto por debajo de la figura del sol sentados en sillas de oro estaban los cuerpos embalsamados de los gobernantes, el que estaba de frente al sol era la momia de Huayna Cápac. Los demás recintos estaban dedicados en primer lugar a la Luna considerada Mujer del Sol, al Arco Iris, al Trueno, al Relámpago, al Rayo, a las Pléyades, al lucero Venus, igualmente había recintos dedicados al sumo sacerdote (Willaq Humu) y para las mamaconas que estaban al cuidado del dios Sol manteniendo el fuego encendido día y noche y decían ser mujeres del sol.

Construcción

La construcción del templo se ha hecho con piedra andesita procedente de las canteras de Waqoto, distante 7 kilómetros de la ciudad del Cusco, al mismo tiempo, se ven muros de diorita que según algunos autores corresponde a la estructura de lo que fue el primer templo. Los tipos de paramento, existentes en el Qoricancha son el rectangular de juntas ajustadas aunque a veces han combinado con el poligonal almohadillado, su fractura presenta juntas con aristas bien trabajadas, han utilizado como aglutinante una capa fina de arcilla denominada por los incas Llanqui. Los muros que corresponde a los sectores que quedan dentro de lo que pudo ser la cancha incaica y el muro perimétrico son los que presentan cimentación profunda no así el resto de la arquitectura (andenes) que tan solo eran muros de revestimiento.

Antes de Cieza, Juan de Betanzos, que estuvo en el reparto de las riquezas del Coricancha, afirma que utilizaron barro pegajoso por mezcla. Gutiérrez de Santa Clara, nos cuenta que sus muros tenían una mezcla de plomo y plata. Garcilaso asegura, que los Incas no conocieron la cal, la que no la pudieron hacer "empero echaban por mezcla una lechada de un barro colorado, que hay muy pegajoso, para que hinchase y llenase las picaduras que al labrar las piedras se hacían".

Guamán Poma de Ayala, dice que todas las paredes del edificio, estaban guarnecidas de oro finísimo.

Puertas

Gutiérrez de Santa Clara, hablando sobre las puertas de acceso al Coricancha nos dice que sus puertas eran de madera preciosa de los andes, con incrustaciones de esmeraldas. Este cronista, es el único que habla que las puertas hayan sido de madera, ya que el resto afirma que estas se encontraban forradas con láminas de oro.

Puerta Principal
Vasquez de Espinoza, hace referencia a la puerta principal del templo, estando esta ubicada hacia la parte norte y la capilla mayor estaba orientada hacia la salida del sol. Continúa diciéndonos que de los aposentos salían doce puertas al patio.

Tschudi, afirma que había en la puerta que daba al oriente, un disco de oro, lo mismo que al poniente, con el objeto de que el sol se reflejase en las mañanas, y en las tardes. La otra puerta daba al interior.

Número de puertas
Acerca del número de puertas por donde se ingresaba al templo, desde luego, como en casos anteriores existen opiniones diversas. El Padre las Casas, hace referencia a las grandes portadas y a dos escalinatas de 30 gradas cada una, muy bien labradas en piedra. Estaban revestidas con planchas de oro, que estaban pintadas y encajaban en ellas ciertas figuras de llamas y otras piezas que se ofrecían al sol.

Muchas puertas
Cieza, considera que había muchas puertas y que estas estaban chapadas con planchas de oro.

Otras opiniones
Garcilaso, nos afirma que la puerta principal del templo, miraba al norte, o sea hacia la plaza del Intipampa, indica igualmente que había otras menores para el servicio del templo. Todas estaban forradas con planchas de oro.

Por su parte el Padre Morúa, hace mención de cuatro puertas de acceso que salían a cuatro calles principales.

Cobo, considera: "La puerta era una sola e iba a dar a un patio pequeño, en la cual asentaban la estatua del sol de día, cuando no la sacaban a la plaza y de noche la metían a su capilla".

Squier, al realizar el plano, coincidiendo con Garcilaso, afirma que: "No estaba la puerta en el extremo que miraba exactamente al este", de tal manera que los rayos del sol naciente iluminaran directamente su propia aúrea imagen, colocada en la pared de enfrente del templo.

La puerta estaba en el lado noreste del edificio y se abría a la plaza o más bien el área rectangular llamada hoy como antiguamente Intipampa o campo del sol (Cusco, la ciudad del Sol E.G., Squier, 1863).

Vidal Unda, recogiendo los datos de algunos cronistas, nos da una interesante opinión: "las puertas de acceso al recinto eran cuatro mirando a los puntos cardinales, siendo la principal la que daba a Inti pampa".

Criterios diferentes
Aunque los Incas no utilizaron puertas al modo de las que ahora se conocen, es posible de que hubiesen hecho uso de unos amplios tablones, pues al referirse a las de éste santuario, se indica, que ellas estuvieron recamadas en planchas de oro. Estos tablones, presumiblemente, pudieron haber estado ajustados a las puertas laterales de las jambas, por algún sistema de grapas, hechas con cordones trenzados. (Vidal Unda, Humberto. Visión del Cusco: 166).

Pardo, refiriéndose a este aspecto decía: Habían puertas en dirección de los cuatro puntos cardinales, la principal quedaba dando frente al norte, al Intipampa.

Es muy posible, que asegurasen las puertas por el interior, con una especie de batiente hecho de vigas de madera, fijadas a unas clavijas, que se encontraban en las jambas interiores, con cuerdas de pellejo o nervios de llama.