convento de santo domingoEstudios e Investigaciones

convento santo domingo, koricancha

Hace aproximadamente cien años que empieza el interés por estudiar el Templo del Sol, a base de los restos materiales existentes del antiguo edificio como son los muros de habitaciones, restos de canales, muros de contención, trozos de muros perimétricos, etc., ubicados hoy dentro del Convento de Santo Domingo.

Los intentos de estudio y reconstrucción, no fueron muchos. Uno de los pioneros en el estudio de los Templos inca y cristiano fue el expedicionario norteamericano George Squier (1863-1865), quien visitó la ciudad de Cuzco en 1863 habiéndose alojado en el Convento de Santo Domingo como invitado de los frailes de ese tiempo. Este escritor escribe en 1877 sus observaciones e hipótesis, y dedica una descripción del antiguo Templo del Sol y la Iglesia de Santo Domingo. Hace una descripción histórica muy ligera y adjunta un plano de la planta con la delineación hipotética de su forma primitiva. Este plano presenta las superposiciones de los muros inca y los muros del Convento. Sin embargo, las proporciones y formas de los muros, en especial el del Torreón no concuerdan con las dimensiones reales de los mismos. En su publicación resalta la fuente colonial que hoy se ubica en la parte central del primer claustro.

Charles Wiener, expedicionario francés, en 1880 publica su trabajo denominado “Perú y Bolivia” y como el anterior también fue huésped de los sacerdotes dominicanos dejando una síntesis de sus observaciones sobre el Templo del Sol y la bella arquitectura de estilo crespocusqueño que exhibe la única torre que presenta el Templo de Santo Domingo.

Ernst Middendorf, habiendo recorrido todo el territorio nacional, publica entre 1893 y 1895 su libro “Perú”, en el cual analiza aspectos geográficos, históricos, económicos y antropológicos que hoy día todavía no han sido superados. Su valiosa aportación incluye un examen de los monumentos arqueológicos, incluyendo una bella descripción el Koricancha y Convento de Santo Domingo, de la cual se conserva una de las fotografías más antiguas que conocemos.

Max Uhle, arqueólogo alemán, realiza piques de exploración de arqueología en 1901 en algunos sectores del espacio comprendido del viejo Koricancha, llegando a puntualizar sobre sus evidencias de cerámica, una cronología tentativa que posteriormente fue la base de la diferenciación de los estilos alfareros inca inicial (killke) e inca imperial (inca expansionista). Además, Uhle ha heredado el primer plano hipotético de la cartografía del Koricancha.

El Padre Zárate (1921), de fuerte formación teológica y filosófica, redacta la primera guía turística para la Ciudad del Cusco, dedicando un fragmento de su trabajo al Koricancha y Templo de Santo Domingo, dando más relevancia a la arquitectura de tipo colonial. En términos generales el plano que presenta es confiable, pero los muros incas son menos exactos que los de Squier. Ubica en la sala capitular denominada así en ese tiempo, el Templo de la Luna de la época incaica, designada en nuestro plano general como recinto R-3, donde cree que estaban las tumbas del padre Martel, Don Diego Sayri Túpac Amaru y Juan Pizarro.

De origen cusqueño Uriel García dictó por muchos años la Cátedra de Historia del Arte en la Facultad de Letras de la Universidad de Cuzco. En su obra titulada “La Ciudad de los Incas” (1924), está considerado como la máxima autoridad intelectual en la descripción de los tipos, estilos y decoraciones de los elementos componentes en los espacios internos y externos del Convento de Santo Domingo. Esta obra es una buena fuente de consulta para los historiadores del arte, arquitectos y arqueólogos con la especialidad de arqueología histórica.

En 1928, fue publicado en las Actas del XXIII Congreso Internacional de Americanistas, realizado en New York, el trabajo de Max Uhle, sobre el Templo del Sol. Estudio que fue realizado durante una corta visita y estancia en el Convento de Santo Domingo en el año 1905. A tal efecto utiliza el plano de Squier, al que agrega un muro, que cree incaico, que divide la habitación o recinto R-2 en dos partes, con dos vanos en su parte frontal. Afirma haber observado las fundaciones o bases de muros en la Iglesia cuando estuvo allí en 1905. No presenta mayor información al respecto y es imposible localizar dichas bases a partir del plano que esboza. Estas fundaciones debieron tener cerca de 12 metros de largo, con dos esquinas conservadas. Su información apunta a que podría estar ubicado cerca al altar de Santa Rosa de Lima, ya que asegura que las bases estaban cerca de un metro del muro de la iglesia, en ese lado y muestra que dichas bases estaban cerca al frontis del edificio.

El dato más importante está en la observación que hizo de la existencia de un muro de más de 12 metros de largo que va de noreste a sur-oeste, con dos vanos y un nicho grande en su parte central que ubica a más de un metro hacia el interior o sur de la línea del supuesto muro perimétrico norte M.P.N. dentro del templo cristiano. En la actualidad no se han realizado excavaciones en el sector que indica Uhle para poder ver los restos y tener su evidencia.

Después de los trabajos descriptivos de Squier, Padre Zárate, Max Uhle y Lehmann-Nitsche, el estudio científico más completo sobre el Koricancha es el que realiza el investigador de la Universidad de Berkeley Dr. John H. Rowe publicado en 1944. Su obra titulada "An Introduction to the Archaelogy of Cusco" aporta valiosas observaciones e interesantes planteamientos efectuados por muchos observadores, historiadores y estudiosos en general acerca del Templo del Sol. Desde el análisis de los relatos de los cronistas a las modificaciones impuestas por la construcción de la iglesia de Santo Domingo y al acopio de valiosos observaciones personales, el trabajo de Rowe constituye la investigación de conocimiento obligatorio para cuantos quieran conocer la evolución y funcionalismo de este templo.

Rowe, realiza no solamente una descripción de los muros incas visibles hasta ese momento, sino que establece conexiones con los documentos de la colonia, principalmente los de Garcilaso de la Vega y Bernabé Cobo (acompañado por un plano exacto).

Tomando los antecedentes de Uhle, luego de haber excavado en el canchón del Koricancha unos piques de prueba, sobre la sereación de sus hallazgos consistentes en fragmentos de alfarería, Rowe define tácitamente dos épocas de ocupación existentes en el Koricancha y usando la datación propuesta por Cabello de Balboa (1941-1944) define dos tipos de asentamientos humanos, el primero denominado canchón (killke) y el segundo denominado inca-imperial (atribuyendo al periodo de Pachacuti).

A partir de las observaciones que realiza en la superficie, y siguiendo los testimonios de Garcilaso, plantea la existencia de una estructura de 28 metros de largo por 14 metros de ancho ubicada bajo la terraza triangular en el frontis del monasterio, el nártex de la iglesia y la capilla de la Virgen de los Dolores. Otro postulado es la posible existencia de un acceso inca ubicado en la actualidad en la parte del acceso lateral de la iglesia.

Rowe opina que el plano de Squier es inexacto, por no haber representado el número de nichos, y no haber marcado la puerta clausurada por la pared colonial, que dividía el recinto en dos partes iguales, y que se encontraba en la dirección de la puerta central. En el mismo error incurrieron el padre Zárate y Max Uhle, quienes no contaron con la existencia del vano central distorsionando de esta manera la funcionalidad que tuviera el recinto.

En relación con la parte de la iglesia, es decir donde está el altar mayor actual, Rowe niega que haya indicios que prueben las aseveraciones de Max Uhle, sobre la existencia de muros antiguos, sobre los que estaría construida la nueva iglesia y, que vendrían a ser los correspondientes al extremo noreste del recinto R-4.

Teniendo en cuenta la descripción de Garcilaso de la Vega, sostiene que quizá el viejo Templo Inca fue simplemente convertido primero en iglesia cristiana sin someterlo a ningún cambio exterior. Este templo inca habría estado situado aproximadamente en la misma zona que actualmente ocupa la iglesia moderna, con la probable variante de que el recinto estuviera algo más al noreste de la exacta ubicación de la iglesia en forma opuesta al patio del claustro. En consecuencia, el salón del Sol debió haber sido destruido completamente, para la construcción de la iglesia, sostiene Rowe, y que los cimientos o muros que habla Max Uhle no pueden ser restos del salón del Sol, y que éstos debieron encontrarse más al sudeste.

La entrada principal correspondería a la actual puerta lateral de la iglesia de Santo Domingo, existiendo la posibilidad de que los padres dominicos, en el período de la conquista habrían usado por muchos años el salón del Sol como iglesia cristiana, antes de edificar la actual iglesia. En consecuencia, tuvieron necesidad de utilizar la entrada ceremonial del Templo del Sol, y si bien es cierto que posteriormente, por razones de acoplamiento debieron destruirla, existe la evidencia de que la actual puerta de Santo Domingo, corresponde a la entrada principal del Templo del Sol, según el marcado de su localización.

Finalmente tomando a Cieza de León, que refiere que el Templo del Sol fue fundado por Manco Capac, Rowe sostiene que no existe ningún resto del edificio antiguo, que habría sido destruido por el Inca Pachacuti con ocasión de la reconstrucción del Cusco. Rowe asegura que la destrucción definitiva tuvo efecto a consecuencia del movimiento sísmico de 1650; según este terremoto niveló toda la ciudad y tanto la actual iglesia como el monasterio de santo Domingo datan en realidad de la primera mitad del siglo siguiente.

El bachiller Comarrubias Pozo (1958), especialista en paleografía, redacta una monografía sobre la iglesia de Santo Domingo buceando en los documentos administrativos y firma de contratos de obras de arte que adornan el interior de la iglesia. Realiza una cronología absoluta de los bienes muebles del Convento.

Con una conceptualización teórica basada en Levi-Strauss sobre una monografía escrita sobre las sociedades amazónicas del Brasil, Tom Zuidema (1958) se implementa con este texto y aplica la etnohistoria y una lógica factual, fundamentándose en las crónicas de Polo de Ondegardo y Bernabé Cobo, llegando a organizar una jerarquía social distribuida en el espacio urbano de la Ciudad de Cusco. Zuidema usa un esquema teórico de análisis de los ayllus, explicando la secuencia de los gobernantes Inca y la función política por el sistema de alianzas de parentesco, señalando a los curacas y panacas como cabeza del sistema radial de seques distribuidos en los cuatro suyos. El principio de bipartición, tripartición, cuatripartición y mitades de esta jerarquía étnica de hanan y uri gira comparativamente entorno al movimiento de las agujas de un reloj cuyo origen y centro universal es el Koricancha.

En 1975 se presenta un informe inédito vía FEDU-Proyectos de Investigación Universitaria por el antropólogo Ítalo Oberti Rodríguez, quien hace una combinación de la crónica de Cristóbal de Molina el Cusqueño y toma el calendario festivo de la época inca, sintetizando la monografía en la fiesta de la Citua y explica que durante el Capac-raymi, en la celebración del solsticio de invierno, todas la momias, ídolos y parafernalia colocada en el Koricancha era trasladada a la Plaza Mayor de Aucaypata para celebrar la conjunción entre el Sol y el Inca. Acompañados por cuatrocientos hombres distribuidos en cuatro secciones en número de cien cada uno dirigidos a los cuatro suyos, previo al sacrificio de la llama de color blanco, se iniciaba la purificación de toda la Ciudad corriendo en posta cada uno de los representantes de las regiones. Los del Chinchaysuyo alcanzaban al río de Apurimac hasta Qonoc y los otros hasta Ollantaytambo, al Antisuyo se llegaba hasta Písac y los del Collasuyo hasta el sitio de Nayua en Paruro. Todo este espacio purificado tenía la finalidad de botar las enfermedades de la población cuzqueña, motivados por el cambio de estación que el nuevo clima de invierno afectaba a los habitantes quechuas.

El año de 1986, se enriquece la bibliografía contemporánea que trata sobre el Koricancha apareciendo un libro titulado Viracocha y los Ayar (Edición de Bartolomé de las Casas). El autor Enrique Hurbano hace un enfoque teórico de la epopeya mítica desde la ciudad de Pacarectambo, génesis de la fundación del Estado Inca, cuyo peregrinaje culmina en la fundación del Koricancha. El enfoque teórico en que se explaya el autor es basado en una conceptualización teórica de Dumecill.

Sugerimos que el plano de Graciano Gasparini levantado en 1974 en el que aparece la superposición de arquitectura inca y de la Iglesia de Sto. Domingo es el más completo documento gráfico que hasta el momento confiablemente se puede manejar.